Departamento de Sintaxis: El orden de los factores sí altera el resultado

NADIE DIJO que escribir era fácil. Si lo fuera, todo el mundo sería escritor y nos la pasaríamos bomba leyendo solo obras maestras de periodismo, crítica literaria, narrativa y ensayo. ¡Vaya! Abriríamos el periódico Reforma y nos encontraríamos con puros reportajes y artículos dignos de un premio Pulitzer, serían maravillosos los últimos cuentos y novelas de Carlos Fuentes y hasta podríamos entender el 95 por ciento de lo que se hace pasar por poesía (y no lo es).

La escritura, además de un arte, es un oficio. Parte de este oficio tiene que ver con el  cuidado que tenemos no solo a la hora de redactar sino también en el momento de corregir. Ya lo dijo algún sabio: es tan importante el lápiz como la goma.

En la proposición que tomamos del periódico Reforma (“Ponen jardineras al carril Bus-Bici”, Jonás López, 26 de octubre de 2012, “Ciudad”, p. 2), descubrimos la intención de las autoridades tras la construcción de una ciclovía en el Eje 7 Sur, conocida como “Bus-Bici”. (Aplaudo este proyecto y el que Reforma se haya tomado la molestia de publicar un artículo sobre él).

El único problema está en que la intención manifiesta no es exactamente la que el Gobierno capitalino deseaba expresar. Leamos: “De acuerdo con las autoridades, la intención es delimitar bien la ciclovía y evitar que los automovilistas la invadan para garantizar la seguridad de los usuarios”. Surge entonces una pregunta inevitable: ¿Los automovilistas tenían la intención de invadir la ciclovía con el fin expreso de garantizar la seguridad de los ciclistas? ¿Cómo se garantiza la seguridad de los ciclistas, invadiendo la ciclovía?

Aquí hay un evidente problema de sintaxis. El Gobierno del Distrito Federal, a todas luces, desea garantizar la seguridad de los usuarios. ¿Cómo? Delimitando bien la ciclovía para que los automovilistas no la invadan. Ahora bien, ¿cómo pudo haberse redactado la proposición que citamos?:

Primera opción:

De acuerdo con las autoridades, para garantizar la seguridad de los usuarios se pretende delimitar bien la ciclovía a fin de evitar que los automovilistas la invadan.

Aún mejor:

De acuerdo con las autoridades, para garantizar la seguridad de los usuarios se pretende delimitar bien la ciclovía. Esto evitaría que los automovilistas la invadan.

Desde luego que hay muchas otras opciones, pero debe quedar claro que al dejar “para garantizar la seguridad de los usuarios” después de “evitar que los automovilistas la invadan”, parece que el fin de la invasión era garantizar la seguridad de los ciclistas. Esto, sencillamente, no tiene sentido.

Si en el periódico hubiera habido un esfuerzo bona fide de revisión y edición, esto no habría sucedido. ¡Nadie es perfecto! Y como el periodismo es un oficio veloz por naturaleza, el papel del editor es fundamental. Como escribí al principio, nadie dijo que escribir era fácil.

Departamento de Lógica: Es importante trasmitir el mensaje que uno desea trasmitir, y no otro

¿QUÉ ESTÁ MAL dentro de esta fotografía? Respuesta: el mensaje escrito. Pero fuera de la tilde que le falta a la palabra vehículo, producto de la vieja creencia de que no es importante usar acentos gráficos cuando se escribe con mayúsculas, no tiene errores de ortografía. Estrictamente hablando, tampoco hay problemas graves de sintaxis. Es cierto que la redacción podría haber mejorado si su autor hubiera colocado primero el complemento indirecto: “Favor de mostrar a los choferes los objetos de valor dentro del vehículo”. Pero esa es cuestión de estilo.

¿Cuál es, entonces, el problema? Para entenderlo, cito —palabra por palabra— el letrero: “Aviso importante[:] Favor de mostrar los objetos de valor dentro del vehículo a los choferes, ya que la empresa no se hace responsable de los mismos[.]”. ¿Qué entiende el automovilista que deja su coche en este estacionamiento del Centro Histórico de la Ciudad de México? Se le dice que debe mostrar a los choferes (los acomodadores) los objetos de valor (del automovilista) que están dentro de su vehículo. ¿Por qué? Porque la empresa no se hace responsable de los mismos.

¿Esto tiene sentido? Si lo tuviera, el mensaje sería este: “Ayúdenos a robar más fácilmente sus objetos de valor. Favor de señalarlos a los choferes. Ellos los sustraerán, y la empresa no se hará responsable”. Es así porque existe, con toda claridad, una laguna lógica dentro del mensaje. Se brinca un eslabón importante en la cadena de razonamiento. Este sería el eslabón: se muestran los objetos de valor a los choferes para que estos puedan tomar una de dos medidas: resguardar las cosas dentro de una caja fuerte, o apuntarlas en el recibo del estacionamiento, con lo cual los encargados se harían responsables de ellas si permanecieran dentro del auto.

Estoy seguro de que los dueños de este estacionamiento no tienen designios malvados. Pero tampoco tuvieron el cuidado necesario para no trasmitir un mensaje que podría, en dado caso, incriminarlos. La redacción de su letrero pudo haber quedado así:

Estimado automovilista:

Favor de mostrar a los choferes los objetos de valor dentro del vehículo. Ellos le entregarán un recibo que los ampare. La empresa no se hace responsable por el robo de objetos no declarados.

Departamento de Conjunciones: Hay que rechazar, a como dé lugar, la fórmula “y/o”

LA FÓRMULA y/o es una doble conjunción innecesaria en virtud de que la o y la y, solas, pueden dar a entender simultáneamente opción e inclusión, según el contexto. En una receta médica, por ejemplo, podría leerse: “Para aplicarse en las manos o antebrazos”. Evidentemente, no significa que, si se aplica en las manos, no debería aplicarse en los antebrazos, sino que puede aplicarse en las manos, en los antebrazos o en ambos lugares. Si el doctor hubiera querido dar a entender una situación exclusiva, habría escrito: “Para aplicarse o en las manos o en los antebrazos”, o: “Para aplicarse en las manos y los antebrazos”, para dar a entender que se puede aplicar ora en las manos, ora en los antebrazos, o en los dos lugares al mismo tiempo.

Así, uno puede afirmar: “Esta película es para niños y adolescentes”, sin insinuar por ello que solo puedan verla niños y adolescentes simultáneamente. Pueden verla niños, y —asimismo— pueden verla adolescentes. También puede aseverarse que: “Esta película es para niños o adolescentes”. Sin ir más lejos, este blog es para “estudiantes o profesionistas”, lo cual indica que puede servir tanto para unos como para otros; es decir, es para estudiantes y profesionistas.

En el artículo que hoy nos concierne, una excelente columna de opinión del historiador Lorenzo Meyer (“El calderonismo”, Reforma, 2 de agosto de 2012, p. 13), aparece esta desafortunada conjunción doble. Aquí reproducimos la proposición que nos interesa: “En tanto ‘oposición leal’ al régimen autoritario de la Revolución Mexicana, el PAN enarboló la primacía del ‘interés nacional’ —definido desde la derecha—, del ‘bien común’ sobre cualquier interés parcial —como el de los campesinos y/o los trabajadores— y la ‘dignidad de la persona humana’ como un valor más alto que el Estado o el capital”.

Meyer describe cómo el PAN, desde la derecha, coloca el bien común por encima de cualquier interés parcial. ¿Era necesario emplear la conjunción doble y/o? Si hubiera empleado la conjunción o, sola, habríamos leído “[…] el PAN enarboló la primacía del ‘interés nacional’ —definido desde la derecha—, del ‘bien común’ sobre cualquier interés parcial —como el de los campesinos o los trabajadores— y la ‘dignidad de la persona humana’ como un valor más alto que el Estado o el capital”.

Está claro que al emplear la o, sola, se entiende que se habla tanto del interés de los campesinos, como del de los trabajadores: uno no elimina al otro.

Por otro lado, si el autor hubiera empleado la conjunción y, sola, ambos intereses se habrían tomado en cuenta automáticamente, y uno —como lector— podría fijarse en el que más le interesa. Aquí, como cuando utilizamos la o sola, se logra precisamente lo que pretende la conjunción doble y/o: trasmitir al lector que puede tratarse de un elemento, del otro elemento, o de ambos. La o y la y, empleadas solas, como hemos visto en esta explicación, cumplen este cometido admirablemente, sin necesidad alguna de recurrir a la tan desafortunada fórmula y/o.

A algunos abogados, contadores y burócratas les encanta esta fórmula porque la consideran elegante. Pero otros abogados, contadores y burócratas —que ya han desarrollado cierto amor por el idioma— se han dado cuenta de que la elegancia no es cuestión de complicación sino de eficacia. En la cuestión que hoy nos toca, como en muchos otros aspectos de la vida, la belleza está en la sencillez.

Departamento de Verbos Intransitivos: “Abusar” es verbo español, no inglés

SI UNO LEYERA en el periódico que existe “un niño abusado sexualmente”, pensaría que se trata de un prodigio sexual que no ha llegado a la mayoría de edad. Así es porque abusado en México es el equivalente de aguzado en el resto del mundo de habla española: agudo, perspicaz, penetrante, despierto, listo: “Antonio es el niño más abusado que conozco, pero de sexo no sabe nada. Solo tiene cinco años”.

En dos ocasiones hemos tratado el problema de la naturaleza del verbo abusar, que en castellano es intransitivo y requiere la preposición de. Lo vimos hace muy poco, apenas el 25 de julio de este año, y hace dos años y medio, el 21 de diciembre de 2009. Si el autor de la nota que hoy nos concierne se hubiera suscrito a este blog —y si lo leyera—, se habría dado cuenta a tiempo de este error común entre los periodistas, pero mucho menos entre los hablantes reales del idioma. A veces son aquellos que desean parecer muy sofisticados en su discurso, quienes más errores cometen en el afán de calcar su español sobre la gramática y sintaxis del idioma inglés.

En castellano, una madre desesperada diría “¡Abusaron de mi niña!” o “Ese desgraciado abusó de mi niña!”. Jamás diría, como nuestro periodista, que fue sexualmente abusada. Se sobrentiende que fue sexual el abuso, pero la madre podría agregar el adverbio después: “Ese desgraciado abusó de mi niña sexualmente”.

En inglés, to abuse es verbo transitivo y requiere complemento directo: “That bastard abused my daughter!” Y como se trata de un verbo transitivo en inglés, en ese idioma también puede plantearse en voz pasiva: “My daughter was abused by that bastard!” En español la oración no puede formularse en voz pasiva porque no hay complemento directo, ya que el verbo es intransitivo. (Los verbos intransitivos no pueden tener complementos directos).

Habiendo comprendido esto, nos damos cuenta de por qué resulta brutalmente erróneo formular oraciones como “Los niños fueron abusados sexualmente por un predador”, o como en el artículo de hoy, “[…] donde asoma un niño abusado sexualmente”. (Oscar Cid de León, “Va de poeta a novelista”, Reforma, 30 de julio de 2012, p. 24). Estos planteamientos se hacen en voz pasiva, como si abusar fuera verbo transitivo. En inglés sí; en español, no. El periodista de Reforma tendría que haber escrito: “[…] donde asoma un niño, víctima de abuso sexual” o “[…] donde asoma un niño del cual abusaron sexualmente”.

PD: Felicito a mi amigo el poeta Víctor Manuel Mendiola por la publicación de su primera novela. Ya la buscaré en librerías. Es un tema tremendo.

Departamento de Léxico: “Infringir” vuelve al ataque

Ya habíamos visto la confusión entre los verbos infringir e infligir. La examinamos el 29 de noviembre del año pasado. Allí vimos que “Infringir significa quebrantar leyes u órdenes. Por ejemplo, si fumo en un restaurante, tienda departamental, banco o cine, estoy infringiendo la ley que protege a los no fumadores. La infrinjo. (Nótese el cambio de la g a la j en la primera persona singular del presente. Esto también sucede en todas las formas presentes del subjuntivo: infrinja, infrinjas, infrinjamos, etcétera)”.

También analizamos el sentido de infligir: “El verbo infligir, por su parte, aunque posee una connotación negativa —como infringir—, alude a otra acción por completo. Significa causar daño imponer un castigo: ‘El editor de Reforma, en un artículo que apareció hoy, infligió un gran daño a sus lectores al no corregir el error de la redactora, quien confundió infligir con infringir’; ‘Sería comprensible que se infligiera un castigo a editores perezosos o ignorantes que deberían ser más sabios o, por lo menos, más cuidadosos’ ”.

Esta confusión no se limita a los poco versados en el uso del idioma sino que alcanza aun a catedráticos universitarios, formadores de opinión y de futuros comunicadores. En el párrafo que nos concierne, el cual vemos a la cabeza de esta entrada, el columnista Froylán López Narváez —periodista y catedrático de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM— escribe: ‟La gravedad inicua de la criminalidad sexual mexicana suma 450 mil violaciones anuales, infringidas por varones. (Las itálicas y el color son míos. La columna se titula ‟Guasones”, y se publicó el miércoles 25 de julio de 2012 en el periódico Reforma, p. 13). ¡Nadie es perfecto! (Y yo, mucho menos). Está claro que don Froylán quiso escribir infligidas, el participio pasivo en su forma femenina plural del verbo infligir. No se habla de infringir ninguna ley específica sino de causar un daño: La gravedad inicua de la criminalidad sexual mexicana suma 450 mil violaciones anuales, las cuales son un daño causado por varones. Al causar este daño, al infligirlo a sus parejas sexuales, seguramente infringen alguna o —probablemente— varias leyes estatales y federales.

Esto confirma, una vez más, que no hay que confiarse. El idioma es complejo, casi infinito, y nadie lo domina al 100 por ciento. Es preciso mantenerse actualizado y… humilde. El diccionario debe ser nuestro compañero desde que amanecemos hasta que nos acostamos. Quien no lo consulta varias veces al día comete el pecado tipificado en las tragedias griegas como hubris, que en castellano significa arrogancia. En esta época del internet, es fácil y gratis: http://www.rae.es/rae.html También existe el app para iPhone, iPad y otros dispositivos móviles.


Departamento de Regímenes Preposicionales: Esas preposiciones latosas

A PESAR DE lo que pronuncia el personaje extraterrestre de Trino en su tira cómica Crónicas marcianas, las cosas se relacionan unas con otras. Así, en la vida real —aquí y en el espacio sideral— debemos decir y escribir “en relación con” o “con relación a”, nunca ⊗“en relación a”. Esta última locución es una calca del inglés in relation to y no hay por qué darle cabida en el castellano.

Otro problema de régimen preposicional ocurre con los verbos disentir y discrepar. En ambos casos debemos usar de, no con. Por ejemplo, si no estoy de acuerdo con la idea que expresó el presidente, debo decir que “Discrepo de lo dicho por el presidente”, y no ⊗“Discrepo con lo dicho por el presidente”. Lo mismo ocurre con disentir. Si no concuerdo con una afirmación, disiento de ella: “Disiento de la noción de que la gente es pobre porque quiere serlo”. Usar con en estas proposiciones refleja influencia del inglés to disagree with (literalmente “estar en desacuerdo con”).

La preposición con también es protagonista en otra frase problemática, pero aquí la confusión se da con otra preposición: a. Se trata de la frase “de acuerdo con”. Algo puede hacerse “de acuerdo con” una persona o cosa: “De acuerdo con el jefe de Gobierno, la Ciudad de México es un mejor lugar para vivir”. Aquí se trata de una persona, pero también podría ser una cosa: “De acuerdo con nuestra información, hubo lavado de dinero”. En América es común escuchar y leer de acuerdo a, pero solo debe emplearse cuando se trata de cosas, nunca de personas: “De acuerdo a tu declaración, no jalaste el gatillo”. Jamás deberíamos decir ni escribir: ⊗“De acuerdo a usted, nadie jaló el gatillo”. En resumidas cuentas, siempre será aceptable usar de acuerdo con. Pero en el uso esmerado del castellano, de acuerdo a solo puede emplearse con cosas, nunca personas.

Las preposiciones a y de también protagonizan una bronca de régimen. Ahora se trata del verbo abusar, el cual no es transitivo en español. Esto significa que no puede seguirle un complemento directo, como cuando decimos “compré un cuaderno”. Los verbos intranstivos, en cambio, se emplean solos: “El problema surgió ayer”.

El verbo abusar pide que le siga un complemento que empiece con la preposición de. Así, los pederastas “abusaron de los niños”. Y como este verbo es intransitivo, no debe plantearse en voz pasiva. Por ello es inadmisible decir que ⊗“Los niños fueron abusados por el pederasta”. O se plantea activamente (“El pederasta abusó de los niños”) o se da un rodeo: “Los niños fueron víctimas de abuso a manos del pederasta”. Tampoco es lícito, como decíamos arriba, usarlo con complemento directo: “El pederasta abusó a los niños”. Al emplear la voz pasiva con este verbo, o utilizarlo de manera transitiva, calcamos —de nuevo— una estructura inglesa: The children were abused by the pederast. Y The pederast abused the children.

Y para cerrar debidamente esta disquisición sobre régimen preposicional, veremos el verbo deber, que existe solo y con la preposición de. Pero significan dos cosas diferentes. Cuando usamos deber sin de, hablamos de responsabilidad u obligación: “Debo estudiar francés si quiero vivir en París”. “Debiste avisarme”. Por otro lado, “deber de” indica probabilidad: “Debe de haber mucho tráfico porque el candidato salió hace media hora y aún no ha llegado”. “Mis calcetines nuevos deben de estar en este cajón. Los vi ayer”.

Mucha gente confunde estos giros. La Academia, incluso, admite el sentido de probabilidad sin la preposición de. En el Diccionario panhispánico de dudas, se cita a Mario Vargas Llosa: “Marianita, su hija, debe tener unos veinte años”. Mejor habría sido “Marianita, su hija, debe de tener unos veinte años”, porque si uno busca claridad y precisión, esa preposición amarra el sentido sin confusión posible.

Departamento de Léxico: “Ocupar” no es “usar” ni “necesitar”

EL VERBO ocupar tiene varios sentidos muy comunes: 1. Tomar posesión o apoderarse de un territorio, de un lugar, de un edificio, etc., invadiéndolo o instalándose en él. “Los policías ocuparon las casuchas levantadas por los indígenas”. 2. Obtener, gozar un empleo, dignidad, mayorazgo, etc. “Mendoza ocupó el cargo de director hace tres días”. 3. Llenar un espacio o lugar. “El clóset está ocupado por las cajas que dejó el anterior inquilino”. 4. Habitar una casa. “La familia Cardoza ocupa el departamento seis”. 5. Dar que hacer o en qué trabajar, especialmente en un oficio o arte. “Ocupo a Andrés en labores sencillas”. (DRAE). Con estas acepciones no suele haber problema.

También puede usarse pronominalmente: “Manuela se ocupa en preparar los alimentos de los niños mientras ellos asisten a clases”; “Tengo que ocuparme de esa máquina descompuesta en breve; de lo contrario, la producción será insuficiente”.

En general, estas acepciones tampoco originan problemas. Empiezan los errores cuando deseamos recurrir al término ocupar con el sentido de usar, emplear o, como es común en algunas regiones de México (de Guadalajara hacia el norte), en lugar de necesitar: xOcupo ir al banco a retirar dinero”; x“Para reconquistar a su novia, Luis ocupó palabras seductoras”. Las palabras no se ocupan sino que se emplean, se utilizan o se usan. Tampoco ocupo un coche para ir al supermercado. Solo puedo ocuparlo si vivo en él o permanezco dentro de él durante un lapso prolongado. Tampoco puedo ocupar un lápiz para llenar un cuestionario. Solo puedo usarlo, utilizarlo o emplearlo, etcétera.

Departamento de Estructura: Cómo hacer un esquema


LO MÁS IMPORTANTE en la escritura ocurre antes de tomar la pluma, el lápiz, o de prender la computadora. Se trata de saber, a ciencia cierta, qué deseamos trasmitir por escrito.

Para hacer esto, es preciso que fluyan nuestras ocurrencias libremente. Llamamos esto lluvia de ideas. Y para hacerlo, hay que liberar el cerebro para que no nos censuremos.

El tormentón resultante no tiene orden ni jerarquía aún. Ya que nos hemos exprimido el cerebro y puesto en una lista cada uno de los conceptos que salieron a borbotones, nos toca reconocer cuáles son los más importantes y cuáles apoyan o desarrollan a los primeros, las ideas principales. Los segundos son las secundarias. Si los hay que desarrollan o apoyan las secundarias, se llamarán terciarias.

Ya que sabemos los puntos más importantes, decidimos cuál desarrollaremos primero. En este momento ya estamos diseñando nuestra estrategia de ataque. Bajo cada una de las ideas principales, colocaremos las secundarias y las terciarias. También debemos darles el orden que más nos conviene para que nuestro escrito resulte lógico y, por ende, convincente.

Cuando hayamos terminado con este ejercicio, habremos construido el esquema de la composición, artículo, reporte, ensayo, tesis, entrada en Facebook… Podría parecerse un poco a esto:

También podría emplearse este otro sistema para construir esquemas:

Para realizar el esquema de un escrito

1 La importancia de pensar antes de escribir

1.1 Disponerse a liberar la mente

1.2 La lluvia de ideas

1.1.1 No censurarse en esta etapa

1.1.2 El orden o la importancia relativa de las ideas no importa en esta etapa.

2 La organización de las ideas o estrategia de ataque

2.1 Revisar con cuidado cada idea para determinar si sirven en el escrito

2.2 Determinar la jerarquía de ideas

2.1.1 Las principales

2.1.2 Las secundarias

2.1.3 Las terciarias

Nota: no debe ponerse punto después de los números arábigos cuando se emplea esta clase de esquema, solo entre dos números, como en el caso de “2.1.3″ inmediatamente arriba. El último guarismo, pues, no lleva punto. Esto no se aplica cuando se utiliza el sistema de números romanos, arábigos y letras.

El esquema es la estructura, el esqueleto, de nuestra composición. Ahora solo hace falta ponerle carne a esos huesos: redactar.

Verá usted que, habiendo hecho esta labor preliminar, la escritura en sí resultará mucho más fácil, nada dolorosa e incluso emocionante porque de esta manera estaremos retando a las musas para que se pongan en acción y que no sigan durmiendo el sueño de los justos. Ellas verán que somos, como escritores, de armas (plumas) tomar y que —si no se ponen al tiro— descubriremos que en realidad ellas no sirven para maldita la cosa: el secreto está en nosotros. Haciendo el esquema, pues, les permitiremos que bajen de su olimpo a echarnos la mano. Las musas se convencerán de que son útiles, nosotros nos sentiremos halagados —amén de geniales—, y esto siempre se agradece.

PD: Salvo por el bemol de la enumeración que WordPress me cambió, yo me divertí mucho haciendo esta entrada esquemática.

Departamento de Léxico: Homosexual

MUCHAS PERSONAS se inquietan cuando ven la raíz homo en Homo sapiens, homónimo y homosexual. Resulta que las palabras homosexual y Homo sapiens provienen de dos raíces diferentes. “Homo”, de homosexual, proviene del griego homo, que significa “el mismo” (su antónimo sería hetero). Así, al hablar de homosexualidad nos referimos a la sexualidad entre dos personas del mismo sexo, sean hombres o mujeres. Las lesbianas, entonces, son mujeres homosexuales. La palabra homónimo, a su vez —que significa “que llevan un mismo nombre”— emplea la raíz griega, igual que la palabra homosexual. Existen otras palabras que emplean esta raíz, como homófono (dos palabras diferentes que suenan igual: tuvo y tubo), homogéneo (de composición y estructura uniformes), homeopatía (emplear, en cantidades mínimas, la misma sustancia que produce una enfermedad, para combatirla) y homólogo (alguien con el mismo rango y función que otra persona de otro lugar: el homólogo estadunidense de Hugo Chávez es Barack Obama). Por su parte, el homo de Homo sapiens proviene del latín y significa, sencillamente, “hombre” en el sentido de “ser humano”. Otra palabra común con esta raíz es homicidio, el asesinato de un ser humano.

Departamento de Géneros: La innecesaria corrección política

Alumnos en clase, no Alumnos y alumnas en clase

Alumnos en clase, no Alumnos y alumnas en clase

AHORA ES políticamente correcto usar frases como niñas y niños o ciudadanas y ciudadanos, cuando bastaría con niños o ciudadanos, puesto que el plural masculino envuelve al femenino, a menos que se especifique otra cosa. Pero quienes velan por la igualdad entre los sexos (que no de género) argumentan que se trata de discriminación en contra de la mujer, sin que nadie lo haya comprobado.

Se dice que, si usamos el plural masculino, estamos ocultando a niñas y mujeres, que solo hablamos del macho de la especie. Disiento: si un maestro (o una maestra) se para en medio del patio de la escuela a la hora del recreo y grita “¡Atención! ¡Que se metan todos los niños a sus salones!”, dudo mucho que las niñas se queden fuera en espera de que las llamen por separado. Igual, una madre llamará a todos sus hijos de modo parecido: “¡Niños, ya métanse, que es hora de hacer la tarea!”. No me la imagino diciendo: “¡Niños y niñas, ya métanse!”. O peor: “¡Descendencia mía, ya métase!”.

El idioma español —desde sus orígenes en el latín, de hecho— ha empleado el masculino plural para envolver sustantivos masculinos y femeninos, trátese de objetos, cualidades, conceptos o personas. Hay libros y revistas buenos; hombres y mujeres malvados. No hay ninguna discriminación inherente en esta lógica o sistema gramatical, lo cual no quiere decir que el idioma no pueda ser instrumento de discriminación si el que habla o escribe así lo desea, trátese del español, el inglés, el ruso o el chino. Y, por supuesto, es preciso emplear sensibilidad y sentido común al hablar y escribir, no para ser políticamente correcto sino justo.

Por ejemplo, emplear el hombre cuando decimos “El hombre siempre se ha preocupado por el arte”, puede prestarse a un equívoco. Si estamos hablando de todos los integrantes de nuestra especie —el género humano—, será mejor emplear frases como la humanidad o los seres humanos. Hace mucho que los hombres dejaron de ser los únicos que se ocupaban, o se preocupaban, por el arte. Es probable, incluso, que las mujeres siempre hayan estado involucradas, aunque las estructuras sociales no las favorecían. El lenguaje —el idioma mismo— debe reflejar este cambio fundamental en nuestra cultura.

El problema práctico surge cuando empezamos a duplicar todas las referencias a personas para indicar explícitamente su sexo, pues si dejamos de hacerlo, entonces sí estaremos dando la espalda a la mitad de la raza humana. Esto, sin tomar en cuenta la fealdad innata de las repeticiones constantes, las cuales rechaza el genio de la lengua castellana.

Por ejemplo, si empiezo escribiendo que “Las niñas y los niños de América Latina requieren un hogar, buena alimentación y una educación sólida”, tengo que seguir diciendo que “las ciudadanas y los ciudadanos antes fueron niñas y niños, y en su niñez debieron prepararse para ser maestros y maestras, empleadas y empleados, directoras y directores”. Si más adelante me cansara de repetir todo, entonces sí sería culpable de discriminar en su sentido de “dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos”: “Así, los ciudadanos debemos invertir todo lo necesario en la educación de los niños”. Si hubiera escrito lo anterior, ¿qué habría sucedido con las ciudadanas y las niñas? Por contexto estarían excluidas. He comprobado que los políticamente correctos muy pocas veces son consistentes en esta duplicación de género. Así, terminan violando sus propios preceptos porque ni ellos aguantan lo espantoso que suena repetirlo todo a cada paso.

Si bien es cierto que en muchas ocasiones podemos darle la vuelta a este problema —escribiendo frases como la Dirección en lugar de directoras y directores, el cuerpo docente en lugar de maestros y maestras, la ciudadanía en lugar de ciudadanas y ciudadanos—, no siempre es posible ni estilísticamente aconsejable. Y en ocasiones, de tanto darle vuelta al asunto a fin de evitar el empleo del plural masculino envolvente, terminamos desnaturalizando el idioma por completo solo para evitar lo que pudiera dar la apariencia de incorrección política. En otras palabras, puede ser peor la medicina que la enfermedad.

Todo esto es venenoso para el idioma. No le carguemos al español una tarea que nosotros, como ciudadanos hombres y mujeres, debemos realizar política y culturalmente. La justicia no se logra con torturar la lengua castellana sino con educación y medidas legales específicas que garanticen el trato igualitario a todos, sin que importe su sexo, o por encima de su sexo. Y esta sensibilidad de justicia, de igualdad entre los sexos, se reflejará claramente en nuestro uso del idioma. Pero no nos escondamos detrás de cortinas de humo, como esta insistencia en decir niñas y niños, ciudadanas y ciudadanos. Es pura palabrería, aunque sea bien intencionada.